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Hallado el primer tiburón omnívoro

El tiburón cabeza de pala (Sphyrna tiburo), pariente de los tiburones martillo, es abundante en todo el litoral americano y es conocido por comer otros peces, gambas, cangrejos y caracoles. Hasta ahora se pensaba que mantenía una dieta alta en proteínas y que de forma casual comía también vegetales cuando cazaba.

Sin embargo, un equipo de científicos de la Universidad de California en Irvine y de la Universidad Internacional de Florida (ambas en EE UU), revela que este escualo, de menos de un metro de largo, consume grandes cantidades de algas marinas de manera voluntaria. En total, hasta un 62,1% de su dieta está compuesta por plantas.

A los escualos se les sometió durante tres semanas a una dieta compuesta de algas y de calamares

Los científicos, liderados por Samantha Leigh, de la universidad californiana, comprobaron si estos tiburones no solo consumen las algas, sino si también pueden digerirlas y asimilar los nutrientes de estas plantas marinas. Para ello, los investigadores realizaron un experimento en un acuario especial con cinco ejemplares que capturaron.

Un experimento con dieta vegetariana

A los animales se les sometió durante tres semanas a una dieta compuesta en un 90% de algas y un 10% de calamares. “Se usaron análisis de digestibilidad, de enzimas digestivas y de isótopos estables para determinar la capacidad de este tiburón de digerir y asimilar el material vegetal”, señalan los autores en su estudio, publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B.

Al no tener dientes adaptados a la masticación de las algas, los científicos detectaron ácidos estomacales fuertes para descomponer las células de las plantas.

Los resultados demostraron además que los tiburones asimilaban el carbono de las algas marinas, y que por lo tanto digerían estas plantas con una eficiencia moderada: más del 50% de la materia orgánica de las algas fue digerida por los tiburones.

“Esto tiene implicaciones ecológicas”, recalcan los expertos. Para la gestión de estos frágiles ecosistemas marinos se tendrá que añadir un factor más: unos tiburones omnívoros.

La investigadora Samantha Leigh sosteniendo a un tiburón cabeza de pala durante los experimentos. / Yannis P. Papstamatiou/University of California Irvine

¿Cómo logra el pez payaso sus colores?

Los peces de arrecife de coral, incluido el pez payaso, muestran una amplia variedad de colores. No estaba claro cómo se desarrolla esa diversidad de tonos a lo largo de su vida, por lo que un equipo de científicos ha estudiado la evolución de los diferentes patrones de rayas hasta saber cómo cambian a medida que crecen de larvas a adultos.

Investigadores de la Universidad de la Sorbona en París (Francia) han liderado un estudio sobre los mecanismos que hay detrás de la gran variedad de colores y patrones de los los peces de arrecife de coral.

Los autores se han centrado en los peces payaso, un grupo que incluye 30 especies que se distinguen por el número de rayas blancas (de cero a tres) y por sus colores: amarillo, naranja, rojo y negro.

Al estudiar dos especies de pez payaso, Amphiprion ocellaris y Amphiprion frenatus, que tienen tres rayas o una sola raya en la cabeza, respectivamente, los científicos descubrieron que poco después de la eclosión, las larvas de ninguna de las especies tenían rayas.

El equipo primero demostró que las rayas son esenciales para que cada pez reconozca a otros de su especie. Tal reconocimiento es crítico para la organización social de los grupos de pez payaso que viven entre anémonas de mar, donde varias especies pueden estar presentes simultáneamente y los más jóvenes buscan establecer hogares permanentes.

Las rayas son esenciales para que cada pez reconozca a otros de su especie

Después, examinaron la información de desarrollo de 26 especies adicionales de pez payaso y observaron que al menos nueve tienen más rayas como juveniles que cuando son adultos, lo que llevó a los autores a investigar el desarrollo de rayas en la evolución del pez payaso.

Los investigadores descifraron las secuencias de aparición y desaparición de rayas durante su vida: las rayas aparecen una detrás de otra, comenzando cerca de la cabeza y progresando hacia la cola, durante la transición de la etapa larval a la fase juvenil. Además, observaron que algunas rayas se pierden ocasionalmente entre la etapa juvenil y adulta, esta vez comenzando por la cola.

“Curiosamente, cada especie de pez payaso existente hoy en día gana rayas de adelante hacia atrás después de nacer, antes de que los individuos de algunas especies las pierdan nuevamente de adelante hacia atrás a medida que crecen”, explica Vincent Laudet, coautor del trabajo que publica la revista BMC Biology e investigador de la Universidad de la Sorbona.

No hay peces payaso con una sola raya en la cola

Con el fin de investigar los mecanismos moleculares que subyacen a la formación y pérdida de bandas, los científicos trataron a las larvas de pez payaso con una sustancia conocida por suprimir el desarrollo de rayas en el pez cebra. Las larvas tratadas con la sustancia no desarrollaron rayas completas o ninguna raya, dependiendo de la dosis.

“Todas las especies con rayas han conservado la franja de la cabeza y han perdido la del tronco. Por lo tanto, algunos peces no tienen rayas, otros tienen una raya cerca de la cabeza, o uno raya en la cabeza y en el tronco, o tres rayas cerca de la cabeza, en el tronco y cerca de la cola, pero nunca encontrarás un pez payaso con solo una raya cerca de la cola, o con una raya cerca de la cola y otra cerca la cabeza”.

Los investigadores quieren identificar los genes que controlan la adquisición de rayas blancas para una mejor comprensión de su evolución

Asimismo, en un intento por comprender el origen de estos patrones, los científicos profundizaron en la historia evolutiva del pez payaso. Descubrieron que su ancestro común lucía tres bandas. Al igual que los actuales, estas marcas ancestrales estaban formadas por células pigmentadas llamadas iridophores que contienen cristales reflectantes. En el transcurso de su historia evolutiva, algunas especies perdieron gradualmente rayas, lo que dio como resultado el rango actual de patrones de color.

“El ancestro del pez payaso actual tenía tres franjas blancas. Luego, como algunas especies evolucionaron perdieron rayas y revelamos una similitud sorprendente entre esta pérdida de rayas durante las especies la evolución y el desarrollo de diferentes patrones de rayas en individuos de diferentes especies en la actualidad”, añade el científico.

Ahora, el equipo busca realizar un seguimiento que identifique los genes que controlan la adquisición de rayas blancas para una mejor comprensión de su evolución. Esto debería darles pistas sobre los procesos que hay detrás de la diversificación del color y el papel que juega en la organización social de los peces de arrecife.

“Debido a que los peces de arrecife proporcionan ejemplos de patrones de color complejos, ofrecen una oportunidad única para comprender mejor el origen de estos rasgos. Desentrañar los misterios de por qué los patrones de pigmentación de los peces de arrecifes son tan diversos, cómo evolucionaron y dónde se originó su diversidad nos ayudará a comprender la formación de fenotipos muy complejos”, concluye.

El oso cavernario no está completamente extinto

La extinción es definitiva, este es un hecho bastante poco rebatible. Sin embargo, un estudio con participación española, que ha secuenciado el genoma del oso cavernario (Ursus spelaeus), revela que parte de su ADN ha sobrevivido en el oso pardo actual. En el trabajo se han analizado restos hallados en la Cova Eirós (Galicia).

Aunque se están haciendo esfuerzos para resucitar biotecnológicamente especies extintas, estos experimentos aún no han dado resultados. Ahora, un equipo internacional de científicos, dirigido por la Universidad de Potsdam (Alemania), ha demostrado que la extinción de una especie no tiene por qué ser definitiva, o al menos no tiene que ser completa.

“Parte del genoma del oso cavernario permanece en el oso pardo actual como resultado de la hibridación de ambas especies”, dice Grandal

“El artículo desvela que parte del genoma del oso cavernario permanece en el oso pardo actual como resultado de la hibridación de ambas especies en la antigüedad. De este modo, una especie como esta no está completamente extinta, pues su genoma permanece, al menos en parte, en los osos actuales”, explica a Sinc Aurora María Grandal D’Anglade, investigadora de la Universidad da Coruña y coautora del estudio.

En el trabajo han participado, además, otras dos investigadoras españolas: Ana García-Vázquez, también de la Universidad da Coruña y Gloria González-Fortes, que actualmente trabaja en la Universidad de Ferrara (Italia).

Los científicos estudiaron el genoma del oso de las cavernas extinto, pariente cercano del oso pardo y del oso polar. “Los osos de las cavernas probablemente se parecían a un oso pardo muy grande y torpe y se alimentaban principalmente de plantas. Se extinguieron hace unos 25.000 años, de la cual el hombre probablemente no era del todo inocente”, explican.

Cráneo de osos cavernario / Andrei Posmoșanu

Restos analizados de la Cova Eirós en Galicia

El estudio, publicado en la revista Nature Ecology & Evolution, se ha llevado a cabo a partir del genoma completo de cuatro osos pardos de diferentes regiones de Europa, desde España hasta el Cáucaso.

Para los científicos, “claramente, los osos pardos y de las cavernas produjeron ocasionalmente descendientes comunes, los llamados híbridos, hace al menos 25.000 años, y estos híbridos también deben haber sido fértiles, de modo que el material genético del oso de las cavernas llega a la reserva genética del oso pardo y se ha conservado allí hasta el día de hoy”.

 Los osos pardos y de las cavernas produjeron ocasionalmente descendientes comunes que debieron haber sido fértiles

“Nuestra participación ha sido la selección y estudio de los ejemplares de la península ibérica, tanto oso pardo cantábrico actual como oso cavernario fósil, concretamente procedente de Cova Eirós (Triacastela, Galicia), de unos 35.000 años de edad”, añade Grandal D’Anglade.

De manera individual los osos pardos actuales solo poseen entre el 1% y 2% del genoma del oso de las cavernas, ya que los diferentes osos pardos tienen diferentes áreas del genoma del oso de las cavernas. Sin embargo, globalmente una parte significativa del genoma cavernario todavía podría estar presente en los osos pardos actuales.

“Los resultados muestran que las especies que ya están extintas a nivel genético pueden seguir participando en la evolución durante decenas de miles de años”, concluyen.

Fuente: Agencia Sinc

Oro y plata para España en la Olimpiada Internacional de Ciencias de la Tierra

Los cuatro estudiantes de bachillerato que han participado en la 12ª Olimpiada Internacional de Ciencias de la Tierra (IESO 2018), celebrada en Tailandia entre el 8 y 17 de agosto, han vuelto a casa con cuatro medallas: una de oro (conseguida por Héctor Sacristán de Madrid) y tres de plata (para Alejandro Andrés de Teruel, Joan Escrivà de Gandia-Valencia y José Sánchez de San Fernando-Cádiz).

Se trata de los mejores resultados obtenidos en una olimpiada científica por un equipo español. Para lograr este éxito los participantes españoles tuvieron que superar las olimpiadas territoriales y nacionales, en las que participaron más de 3.000 alumnos y alumnas.

Todo el esfuerzo organizativo de estas olimpiadas recae sobre la Asociación Española para la Enseñanza de las Ciencias de la Tierra (AEPECT), con el apoyo de la Sociedad Geológica de España (SGE).

Un gen ‘zombi’ protege a los elefantes contra el cáncer

El 17% de las personas muere de cáncer en el mundo, una cifra que desciende hasta el 5% en el caso de otros mamíferos: los elefantes en cautividad, que como los humanos, pueden alcanzar los 70 años de edad y tienen muchas más células potencialmente cancerígenas.

La Universidad de Chicago y la de Utah en EE UU empezaron hace tres años a estudiar por separado por qué podía producirse esta diferencia, partiendo del hecho que tanto humanos como elefantes tienen una copia del gen supresor tumoral principal p53, que permite reconocer el daño irreparable en el ADN y que es un precursor del cáncer. Esto provoca que las células dañadas mueran.

En un estudio, publicado ahora en Cell Reports, los científicos se percataron de que sorprendentemente los elefantes tienen 20 copias de p53, por lo que sus células son significativamente más sensibles al ADN dañado y recurren más rápidamente al suicidio celular. Entonces, ¿por qué desarrollan menos cáncer?

Los científicos dieron con un antiguo pseudogen que de alguna manera se había convertido en un gen funcional

La investigación revela que aquí entra en juego un gen anticáncer que regresa de la muerte. “Los genes se duplican todo el tiempo”, indica Vincent Lynch, autor principal del trabajo e investigador en la Universidad de Chicago. “A veces cometen errores al producir versiones no funcionales conocidas como pseudogenes. A menudo nos referimos a estos como genes muertos”, añade.

La función del gen ‘zombi’

Mientras estudiaban el gen p53 en los elefantes, Lynch y sus colegas dieron con un antiguo pseudogen llamado factor inhibidor de la leucemia 6 (LIF6) que de alguna manera había evolucionado a un nuevo interruptor y se había convertido en un gen funcional. Al activarse con p53, la función de LIF6 era reaccionar ante el ADN dañado matando a la célula.

El gen produce una proteína que alcanza, con bastante rapidez, a la mitocondria –la principal fuente de energía de la célula–, creando agujeros y causando la muerte de la célula.

“Es un gen zombi; un gen muerto que vuelve a la vida. Cuando se vuelve a activar por el daño en el ADN, mata rápidamente a esa célula. Esto es beneficioso porque actúa en respuesta a errores genéticos, cometidos cuando se repara el ADN. Al deshacerse de esa célula se puede prevenir un cáncer”, subraya el experto, que piensa que este gen puede haber ayudado a los elefantes desde hace mucho tiempo, hace entre 25 y 30 millones de años, según el registro fósil.

“Este método suplementario de suprimir el cáncer puede haber sido un elemento clave que permitió un crecimiento enorme, que finalmente llevó a los elefantes modernos”, recalca Lynch.

Una sequía causó la decadencia de la sociedad maya clásica

Un período de sequía severa hacia el final del primer milenio probablemente selló el destino de la sociedad maya clásica. Hasta ahora, la caída de los antiguos mayas se había utilizado para demostrar cómo los cambios abruptos del clima –como un periodo excepcionalmente seco– podían haber contribuido a su declive, pero no había quedado del todo claro hasta qué punto esa época fue seca.

Una nueva investigación, publicada en la revista Science, demuestra de manera cuantitativa lo seco que estaba el suelo cuando las poblaciones de las tierras bajas mayas comenzaron a ‘evaporarse’.

Los científicos, liderados por la Universidad de Cambridge (Reino Unido), reconstruyeron la composición isotópica del agua del lago Chichancanab, México, utilizando núcleos de sedimentos que contenían yeso precipitado.

Se trata de “una técnica que implica el análisis isotópico del agua unida estructuralmente al yeso sedimentario, que se depositó en condiciones de sequía”, señalan los autores, dirigidos por Nicholas Evans, de la universidad británica.

Para determinar la aridez pasada, el equipo midió las composiciones del triple isotopo de oxígeno e hidrógeno en las moléculas de agua que se encontraban en la estructura del yeso depositado en las capas del fondo del lago.

Los datos de los isotopos proporcionaron “medidas directas de los cambios pasados en la hidrología del lago”, recalcan en su trabajo.

Una reducción drástica de la lluvia

Los resultados revelan que las precipitaciones anuales hace entre 1.000 y 800 años en las tierras bajas mayas se redujeron entre un 41% y un 54%. Durante los periodos de mayor sequía pudieron disminuir hasta un 70%.

Además, al comparar con las condiciones actuales, los autores pudieron determinar por primera vez que en esa época se produjo una disminución de entre el 2% y el 7% de la humedad relativa.

La investigación confirma de este modo la gravedad y la duración de la sequía sufrida por la sociedad maya de las tierras bajas y brinda los datos cuantitativos necesarios para comprender mejor el impacto que tuvo en los sistemas agrícolas y sociopolíticos mayas.

Fuente: Agencia SINC

Lago Chichancanab, que en maya significa “pequeño mar”. / Mark Brenner

Un lago de agua líquida se esconde bajo la superficie de Marte

La presencia de agua líquida en Marte lleva siendo objeto de debate entre los científicos desde hace décadas, pero ahora un equipo de investigadores italianos parece haber resuelto el misterio.

Las señales de radar detectan una masa de agua líquida de unos 20 km bajo los hielos del polo sur marciano

Utilizando el radar de un orbitador espacial para explorar los casquetes polares, han localizado un lago de agua líquida bajo el hielo del planeta rojo. El descubrimiento se publica esta semana en la revista Science y lo ha anunciado hoy la Agencia Espacial Italiana en Roma.

La detección se realizó con el instrumento MARSIS (Mars Advanced Radar for Subsurface and Ionosphere Sounding), un radar italoestadounidense de baja frecuencia que lleva la sonda Mars Express de la Agencia Espacial Europea.

Este instrumento envía pulsos radar que penetran en el terreno y las capas de hielo, midiendo después cómo se propagan y rebotan las ondas en la nave espacial. Los ecos reflejados proporcionan información sobre lo que hay debajo de la superficie. Los datos se tomaron entre mayo de 2012 y diciembre de 2015, y la zona sondeada fue la región Planum Australe, situada en el extremo sur del planeta Marte.

Ecos a 1,5 km de profundidad

De esta forma, los investigadores encontraron un cambio muy brusco en la señal aproximadamente a 1,5 km de profundidad. “Son evidentes los reflejos subsuperficiales brillantes dentro de un área bien definida, de unos 20 kilómetros, que aparece rodeada de otras áreas mucho menos reflectantes”, destacan los autores, liderados por Roberto Orosei desde el Istituto Nazionale di Astrofisica, en Bolonia.

En la Tierra las condiciones observadas solo suceden en lagos subglaciales como el Vostok, en la Antártida

El análisis de los ecos muestra que el brillo de esa zona tiene una constante dieléctrica alta, una característica propia de la de los materiales acuosos. De hecho, el perfil de la señal radar es similar al de los lagos de agua líquida que se encuentran debajo de las capas heladas de la Antártida y Groenlandia.

“En la Tierra estas condiciones solo suceden en lagos subglaciales como el lago Vostok, en la Antártida”, subraya Orosei, que, tras analizar varias posibilidades, concluye que las características observadas solo se pueden interpretar por la existencia de una masa estable de agua líquida.

Por qué se mantiene líquido este lago de Marte

Para explicar por qué este lago subglacial marciano no está congelado –algo que debería ocurrir debido a que la temperatura ambiente es inferior al punto de congelación del agua pura–, los autores plantean que las sales de magnesio, calcio y sodio, que se sabe están presentes en las rocas marcianas, pueden estar disueltas en el agua formando una salmuera.

Esa circunstancia, junto con la presión que ejercen las capas de hielo de arriba, reducirían el punto de fusión y permitirián que este lago marciano permanezca líquido, como les ocurre a sus homólogos terrestres.

En los ambientes subglaciales de la Tierra se sabe que prosperan algunos microorganismos, pero ¿podrían los depósitos subterráneos de agua líquida y salada de Marte proporcionar también un hábitat adecuado para la vida microbiana, o haberlo hecho en el pasado? La pregunta sobre la presencia de vida en Marte sigue abierta. Las misiones actuales y futuras al planeta rojo, como la rusoeuropea ExoMars, podrían tener la respuesta.

Ilustración del lago antártico Vostok, donde se han realizado perforaciones en busca de organismos vivos. / Nicolle Rager-Fuller / NSF

El tiburón ballena puede alcanzar los 130 años de vida

Hace poco, una hembra de tiburón ballena (Rhincodon typus), denominada Anne, realizó en unos meses una ruta transoceánica de 20.142 km, la mayor migración registrada hasta ahora. En un nuevo estudio, un equipo de científicos del Instituto de Investigación Guy Harvey de la Universidad Nova Southeastern (EE UU) ha descubierto otra peculiaridad de esta especie en peligro de extinción.

La investigación, publicada en la revista Marine and Freshwater Research Journal, revela que los machos de tiburón ballena pueden alcanzar los 130 años de vida y llegan a la edad adulta a los 25. Para determinar su longevidad, el trabajo, que se llevó a cabo en aguas del atolón Ari del sur en la República de Maldivas, en el océano Índico, se basó en los análisis de la dinámica de crecimiento y envejecimiento de estos peces.

“Se trata de un enfoque novedoso porque tomamos de forma repetida medidas subacuáticas no invasivas de tiburones vivos en el transcurso de una década”, señala Cameron Perry, primer autor del artículo e investigador en el NSH. Hasta ahora, este tipo de investigaciones se habían realizado sobre vértebras de animales muertos para determinar la edad.

“Tomamos de forma repetida medidas subacuáticas no invasivas de tiburones vivos en el transcurso de una década”, dice Perry

“Nuestro trabajo muestra que podemos obtener información de edad y crecimiento sin depender de tiburones muertos capturados en las pesquerías. Y esto es importante”, insiste Perry. Los investigadores pudieron monitorizar a unos 44 tiburones porque la mayoría regresaba al mismo lugar cada uno o dos años, y cada uno de ellos fue reconocido por sus patrones únicos de manchas.

Más grandes de lo que se pensaba

Entre los resultados de sus mediciones, el equipo también pudo definir el tamaño máximo que estos escualos pueden alcanzar: unos 18,7 metros de longitud, es decir cinco más que el tamaño de un autobús escolar.

“El crecimiento y la reproducción de los tiburones ballena son poco conocidos”, recalca Mahmood Shivji, director del instituto de investigación estadounidense. “Cuando se combina esta falta de conocimiento con la venta de productos de tiburón ballena –como aletas, carne y aceite– se puede ver rápidamente la urgencia de aprender tanto como sea posible para salvar a estas criaturas”, añade.

Según el investigador principal, cuánto más se aprende sobre estos animales, mejor pueden realizarse los esfuerzos de conservación.

Fuente: Agencia SINC

El agua del mar contiene gran cantidad de esperma de medusas

Como cada verano, es muy probable que nos zambullamos en el mar y traguemos por accidente un poco de agua. Un estudio liderado por investigadores del Instituto de Biología Evolutiva (IBE) –centro mixto del CSIC y la Universitat Pompeu Fabra (UPF)– y el Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) ha descubierto que, además de tragar compuestos químicos como los cloruros de sodio y de magnesio y cientos de microorganismos por ahora desconocidos, con cada trago de agua marina podríamos estar ingiriendo una gran cantidad de esperma de cnidarios (medusas) y ctenóforos, unos animales muy parecidos a las medusas.

Los investigadores han identificado un nuevo grupo de urocordados, unos animales que normalmente están fijados en el fondo marino y que se suelen confundir con las anémonas. Los resultados se han publicado en la revista Scientific Reports.

El estudio se enmarca dentro del proyecto europeo BioMarKs, cuya finalidad es estudiar la diversidad de los organismos unicelulares eucariotas –es decir, los organismos celulares con un núcleo diferenciado–. En el marco del proyecto, se han muestreado columnas de agua y sedimentos de ambientes con oxígeno y sin oxígeno, en seis puntos de muestreo repartidos por la costa europea: Oslo (Noruega), Roscoff (Francia), Gijón y Blanes (España), Nápoles (Italia) y Varna (Bulgaria). Las muestras se filtraron con la finalidad de separar los microorganismos en función de su tamaño. A continuación, se extrajo el material genético, que fue secuenciado.

En todas las muestras se hallaron grandes cantidades del gen 18S, omnipresente en las células eucariotas y que normalmente se usa para identificarlas, como si se tratara de un código de barras. Al estudiar el material genético, se observó que una gran parte del gen 18S pertenecía a organismos no identificados. Se trataría de acelmorfos, platelmintos, quetognatos y nematodos. Por otra parte, se identificó un nuevo grupo de urocordados.

Los resultados confirman lo que ya han apuntado muchos estudios: a pesar de que hay más de 1,5 millones de especies animales descritas, se calcula que hay, al menos, 8,5 millones más sin identificar. Así pues, se desconoce el 85% de la diversidad animal que, fundamentalmente, se trataría de animales microscópicos –con un tamaño inferior a los 2mm3, y conocidos con el nombre de micrometazoos–.

A pesar de que hay más de 1,5 millones de especies animales descritas, se calcula que hay, al menos, 8,5 millones más sin identificar

“Los resultados evidencian que los biólogos aún tenemos mucho trabajo por hacer para entender la diversidad animal marina”, afirma Iñaki Ruiz-Trillo, profesor de investigación ICREA en el IBE, y miembro también de la Facultad de Biología y del Instituto de Investigación de la Biodiversidad de la Universidad de Barcelona (UB).

El esperma, fuente de alimento

Los investigadores observaron un elevado porcentaje de material genético en la fracción filtrada más pequeña. Teniendo en cuenta el pequeño tamaño de algunos gametos animales, estimaron que lo más probable es que el material genético proceda del esperma de algunos metazoos con fecundación externa, sobretodo ctenóforos y cnidarios. La proporción del material genético del esperma es especialmente abundante (un 33%) en las muestras sin oxígeno.

Dada su abundancia, los científicos apuntan que el esperma podría tener un papel relevante como fuente de alimento para microorganismos y zooplancton, y que, por tanto, tendría un impacto notable en las redes tróficas marinas que hasta el momento había pasado desapercibido. “Los ecólogos tenemos que plantearnos seriamente el papel del esperma como fuente de nutrientes en la red trófica, especialmente en los periodos de desove, en los que los gametos son liberados al medio en cantidades ingentes”, concluye Javier del Campo, investigador del ICM-CSIC.

Un curso de la ULE analiza qué hacemos con la basura espacial

Juan Francisco García Marín, rector de la ULE, ha presidido esta semana el acto inaugural del curso de verano ‘Contribuciones españolas al programa de vigilancia y seguimiento de objetos espaciales (SST)’ que se imparte en el Palacio Conde Luna bajo la dirección de Jesús Gonzalo de Grado, profesor del Área de Ingeniería Aeroespacial de la ULE. García Marín ha agradecido la participación en las jornadas de personal militar “pues vuestra presencia contribuye a poner en valor este tipo de iniciativas”, al tiempo que ha manifestado que la ULE mantiene una fuerte apuesta por el Grado de Ingeniería Aeroespacial, “un título que no sería posible sin la excelente colaboración de la Academia Básica del Aire y de la Base Conde Gazola, que siempre nos han apoyado de forma altruista y espero que en el futuro esa colaboración sea mayor y mejor”.

En el acto inaugural también ha participado Antonio Silván, alcalde de León, y Jesús Gonzalo de Grado, director de las jornadas que reunirán en León a profesionales e del Ejército del Aire y responsables de empresas del sector Aeroespacial, para debatir sobre la gestión y protección ante la basura espacial. “Para León es un auténtico orgullo tener este tipo de cursos que contribuyen a poner a león en el mapa aeroespacial, un sector muy vinculado a nuestra universidad, a institutos y empresas nacionales e internacionales y a nuestras Fuerzas Armadas, toda una cadena que genera un retorno a la sociedad, no solo económico, sino en avances”, ha comentado Antonio Silván durante la inauguración del programa.

El director del curso, Jesús Gonzalo de Grado, ha señalado que la basura espacial es un tema con “un impacto social tanto de seguridad nacional como civil muy importante. Hace años la probabilidad de impacto era pequeña y no se cuidaba demasiado, hoy en día se ha comprobado que hay que defender nuestros aparatos de estos objetos”. En este sentido, De Grado ha concretado que a lo largo de las dos jornadas “vamos a debatir cómo podemos tomar acciones preventivas para que el problema no crezca, cómo impulsar acciones colectivas para que disminuya y qué se puede aportar en conocimientos para evitar catástrofes”

El reto principal del programa se centra en ofrecer una introducción a los desafíos que plantean las amenazas provenientes del espacio, como la basura espacial (Space Debris) y los objetos espaciales cercanos a la Tierra, tanto para el desarrollo de las operaciones en el espacio, como para la población general ante el riesgo de impacto. A lo largo de la docena de ponencias previstas, se abordará, entre otros aspectos, la arquitectura y funcionalidad de los distintos sistemas que permitirán una utilización más segura de las infraestructuras espaciales, así como las contribuciones más relevantes de los principales organismos públicos y empresas españolas del sector.