Astrobiología rumbo a Marte

R. Travesí. Ical. El aterrizaje en Marte del Perseverance el pasado 18 de febrero fue un hito de la historia espacial que cobró especial relevancia en Castilla y León después de que el rover de la Nasa vaya equipado con un sistema de calibración de la Universidad de Valladolid (UVa). Se trata de tecnología puntera para ir a Marte pero, una vez más, lo que hay detrás de ese proyecto deja en mal lugar a España. No en vano, tres de los investigadores doctores del grupo de la UVa que ha colaborado en la fabricación de ese instrumento están en una situación de precariedad laboral, ya que no cuentan con una plaza fija en la Universidad y están con contratos de obra y servicio desde hace años. Y es que Guillermo López, José Antonio Manrique y Marco Veneranda son los llamados a continuar la labor del investigador principal, el físico e investigador espacial Fernando Rull, que es catedrático emérito y por tanto ya está jubilado. A esa baja, se sumará en septiembre la del otro profesor de la UVa, Jesús Medina.

La incertidumbre sobre el futuro de este grupo de investigadores que tiene su cuartel general en la Unidad Asociada UVa-?CSIC al Centro de Astrobiología, ubicada en el Edificio Inditi del Parque Tecnológico de Boecillo, es máxima. Hasta el punto que Manrique es tan claro al apuntar a la Agencia Ical que “si no existe una solución a la continuidad para todos los miembros el grupo se irá a la mierda, hablando en plata”. No en vano, confiesa que le puede gustar mucho Marte y su proyecto, pero deja claro que “todos tenemos familias que comen de lo que ganamos”.

La participación de este grupo puntero de la UVa en las tres misiones al Planeta Rojo (Nasa, Agencia Espacial Europea y la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial) no ha venido acompañada de más personal. “Los investigadores doctores que se ensucian las manos con las operaciones son tres y hemos sido tres mucho tiempo y la previsión es que continuará así una temporada”, añade.

El único de los tres doctores que verá solucionado su futuro, en parte, es Guillermo López, ya que la previsión es que en septiembre, fecha de la jubilación de otro de los profesores, logre un contrato de investigador postdoctoral, que es consolidable dentro de la Universidad de Valladolid. Algo inevitable por que la persona encargada de solicitar los proyectos debe ser personal universitario. Pero Manrique deja claro que la cuestión no es el “arreglo” de un problema concreto por que el grupo lo configura más gente. “La idea no es que haya una sola persona consolidada sino que el caso de su compañero marque el camino para el resto de los componentes del equipo”, asevera.

López tiene 38 años y es ingeniero de Telecomunicaciones y Electrónica y cuenta con un doctorado en Ciencias Físicas; Manrique, 39 años, es físico y doctor en Física, y Veneranda es doctor en Química Analítica. Los tres se han convertido en un referente nacional en espectroscopia, los que les ha permitido, de la mano del profesor Rull, formar parte de un selecto grupo para colaborar en las principales misiones espaciales. Eso es de cara a la galería por que la realidad es que el grupo ha pasado “ciertos apuros” en su consolidación dentro de la estructura de la universidad, ya que ninguno tiene plaza fija. “El aterrizaje del Perseverance en Marte, de la mano de la Nasa, ha abierto los ojos dentro de la Universidad por que creemos que no se era consciente de la situación de precariedad en que nos encontrábamos. Por primera vez, hemos visto una preocupación institucional, a cargo del rector Antonio Largo, con nuestra situación y, afortunadamente, las cosas se están moviendo y parece que va haber un poco más de esfuerzo. Ahora, hay un posible camino pero hace dos años no había ninguna vía de salida”, apunta.

José Antonio Manrique deja claro que todo el mundo está interesado en que el grupo siga adelante. “Tenemos mucho potencial y hacemos cosas bastantes interesantes y punteras, no solo en las misiones de espacio”, reconoce. En este sentido, acaban de ganar un concurso de la Agencia Espacial Europea de transferencia de tecnología. “Hacemos mucho para el tamaño que tenemos y hay mucha proyección de futuro por que vendrán más misiones para participar y saldrán exploraciones a otros cuerpos planetarios”, añade. No en vano, este físico precisa que la experiencia puntúa mucho en todo lo relacionado con el Espacio. “Cuesta mucho ganar esa destreza pero, una vez dentro, es más fácil mantenerte”, concluye. Eso sí, reconoce que el no contar con una estructura consolidada penaliza “muchísimo” y da una cierta imagen de riesgo al colaborar en misiones punteras.

Financiación intermitente

La situación de precariedad no solo viene de la falta de seguridad en la Uva ya que tampoco ayuda la financiación que llega del Estado. López y Manrique explican que el dinero llega a cargo del Ministerio de Ciencia e Innovación, a través del Plan Nacional de Ciencia e I+D+i, al que se presentan los proyectos con carácter competitivo. “Lo habitual es que no haya continuidad en la financiación de los proyectos, por lo que hay parones de varios meses”, manifiestan. Eso, provoca que haya temporadas en que se vean obligados a ir al paro y trabajar desde casa. “En 2018, estuve varias semanas desempleado y el mismo enero pasado, a menos de un mes de que la misión de la Nasa llegara a Marte, estuve tres semanas sin contrato en la universidad”, comenta López con resignación.

Ambos consideran que una misión del tipo de ExoMars, en el que participa la Agencia Espacial Europea y se desarrollará durante más de una década, no se puede financiar con convocatorias competitivas, que obligan a presentarse cada dos o tres años. “Si entras en esto, es para mantenerte hasta el final. De nada sirve financiar los primeros tres años pero no los siguientes”, sentencian. Además, subrayan que la espectroscopia que forma parte de las misiones a Marte no se circunscribe al Espacio sino que hay mucha transferencia al mundo terrestre, con aplicaciones en “infinidad” de campos como farmacia, biomedicina, agroalimentación, minería, petroquímica y conservación del patrimonio.

Este físico va al fondo de la cuestión al señalar que España cuenta con buenos investigadores y con un buen currículum, que trabajan en proyectos “interesantes” pero que, luego, se encuentran con la falta de dinero para su desarrollo. “Es un problema endémico en España, que invierte en la formación y preparación de los alumnos y los titulados pero luego no hay futuro laboral para ellos. Las soluciones vienen despacio y, a veces, tarde. No se puede maquillar esa realidad”, añade su compañero.

López hace referencia a la brecha generacional por que el grupo de investigación de la UVa es muy joven, salvo que está dirigido por dos personas mayores, uno ya jubilado y otro, a punto. “Nosotros, con menos de 40 años, somos los seniors. No hay nadie en el rango intermedio, entre otras cosas por las anteriores crisis económica? (2008 y 2012) y la incapacidad de la universidad española, en general, de haber consolidado gente en los últimos años, motivado por las jubilaciones de muchos docentes e investigadores y la tasa de reposición cero”, añade.

Fuga de talento

Y esto tiene sus riesgos por que José Antonio Manrique no descarta que, al final, aparezca una beca o una oferta en otra universidad de España o del extranjero. “Existe un riesgo real que llegue otra universidad con capacidad para intentar ficharnos”, advierte. “Al final, se van los buenos. Estamos muy engañados, por que el investigador bueno, no vuelve. Fuera de España se hacen las cosas muy bien y cuesta volver para aquí. No es lo mismo estar en Estados Unidos con unos fondos prácticamente ilimitados y haciendo ciencia puntera, con un salario muy decente, que volver a España a ver si logra una consolidación y le hacen un hueco en un equipo”, señala con resignación. Es lo que se conoce como la fuga de talento.

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