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Las bacterias al poder

Laura Chaparro / Sinc En su obra Hojas de hierba (1855) el poeta estadounidense Walt Whitman escribió: “Soy grande, albergo multitudes”. Sus poemas son una defensa a ultranza del papel del individuo, de los placeres y de la alegría de vivir. Con ese verso concreto, el poeta –sin saberlo– estaba dando voz a la población más numerosa que ha existido jamás y que influye en los placeres y en la felicidad: nuestras bacterias.

Solo en el intestino, el número de bacterias supera al de estrellas suspendidas en la Vía Láctea

Solo en el intestino, su número supera al de estrellas suspendidas en la Vía Láctea. El periodista Ed Yong no las ha contado una a una pero sí ha entrevistado a quienes las estudian al detalle. Diez años de trabajo con cientos de científicos que daban sus frutos el año pasado con la edición en inglés de Yo contengo multitudes (I contain multitudes), su primer libro.

Calificado por Bill Gates como “el periodismo científico en su mejor momento”, la obra se convirtió rápidamente en un best seller, ocupando las listas literarias del New York Times, The Economist o The Guardian. En los próximos días se publica su edición en castellano.

“Se dice que ahora estamos en el Antropoceno: un nuevo periodo geológico caracterizado por el enorme impacto que los seres humanos han tenido en el planeta. También podría argüirse que seguimos viviendo en el Microbioceno: un periodo que comenzó en los albores de la vida y continuará hasta su fin”, destaca Yong en el libro.

Ni buenas ni malas

Todo empezó hace unos 2.000 millones de años, cuando una arquea y una bacteria se fundieron en un acto sin precedentes. Esos son nuestros orígenes. Todos los organismos eucariotas –animales, vegetales, hongos y protozoos– descendemos de esta fusión. A partir de ahí, la vida no ha dejado de evolucionar.

“La función principal del sistema inmunitario es administrar nuestras relaciones con los microbios residentes en nosotros”, define el periodista

Como entonces, nuestro cuerpo experimenta cada día un ejercicio de simbiosis perfecto, en el que conviven billones de células con billones de bacterias, hongos, arqueas y también virus. Una nutrida orquesta cuyo director es el sistema inmunitario. “La función principal del sistema inmunitario es administrar nuestras relaciones con los microbios residentes en nosotros”, define el periodista.

Hoy sabemos que la mayoría de las bacterias son inofensivas y nos mantienen sanos, aunque hay una minoría que provoca enfermedades. Durante décadas, estos microorganismos han tenido el sambenito de ser el enemigo público número uno, que había que eliminar a toda costa. Ahora es más habitual la corriente contraria: las bacterias son buenas. También es errónea.

“No podemos suponer sin más que un determinado microbio es “bueno” solo porque vive dentro de nosotros. Hasta los científicos olvidan esto”, critica Yong. “El término “simbiosis” ha sido retorcido para dar a su neutro significado original –“vivir juntos”– un sentido positivo y connotaciones un tanto exageradas de cooperación y armonía. Pero la evolución no funciona de esa manera”, añade.

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Las hacemos invencibles

Analizando las últimas investigaciones y sin caer en extremismos, el periodista recuerda la importancia de la lactancia materna y del parto natural para que la microbiota del bebé sea lo más completa y variada posible.

Las bacterias del recién nacido tardan de uno a tres años en alcanzar su estado adulto y son los microbios de la vagina materna los primeros en colonizarnos

Según algunas estimaciones, las bacterias del recién nacido tardan de uno a tres años en alcanzar su estado adulto y son precisamente los microbios de la vagina materna los primeros en colonizarnos.

Yong pone sobre la mesa algunas hipótesis sobre la proliferación de las alergias, que podría tener que ver con una vida cada vez más limpia. Como nuestro sistema inmunitario ya no tiene que combatir con los microbios del barro, del ganado o del agua sin purificar que ingeríamos en el siglo pasado, podría haberse relajado. Al enfrentarse a sustancias inofensivas como el polen “siente pánico y exagera sus respuestas”, explica el periodista.

A eso hay que sumar el abuso de antibióticos, que crea bacterias cada vez más resistentes. Para sobrevivir, estos microbios son capaces de transferirse el ADN de unos a otros, sorteando a sus atacantes, en este caso, los antibióticos.

Es decir, si una bacteria consigue desarrollar un escudo frente al medicamento, puede decirle cómo hacerlo a sus vecinas, tan solo acercándose y ‘pasándole’ su estrategia a través de sus genes. El riesgo está en que estas superbacterias se hagan inmunes a cualquier tipo de antibiótico, como ya está pasando.

Las heces pueden curarte

Lejos de recrearse en el catastrofismo de un mundo dominado por bacterias invencibles, Yong muestra también su cara más amable, como aliadas de nuestra salud. Es el caso de los psicobióticos, microorganismos que pueden servir para tratar algunos trastornos mentales. Aunque es un campo muy incipiente donde faltan estudios en humanos, las investigaciones revelan la relación entre el cerebro y estos microbios.

Los microbios nos están ayudando a prevenir enfermedades muy graves

Lo que los científicos ya han demostrado con éxito y en diferentes personas es la eficacia del trasplante fecal, de un paciente sano a otro enfermo. Como si se tratara de un órgano, pero sin necesidad de cirugía, la operación supone la cesión de miles de bacterias que pueden reforzar al organismo debilitado frente a la infección y llegar a curarlo. Yong plantea que, dentro de unos años, los médicos traten de manera simultánea al paciente y a sus microbios.

Yendo un paso más allá, los microbios nos están ayudando a prevenir enfermedades muy graves. Los mosquitos transmisores del virus del dengue se vuelven inofensivos cuando los científicos les insertan la bacteria Wolbachia lo que, en algunas regiones, está disminuyendo las infecciones.

Tal ha sido el éxito que también se ha probado para contener la progresión del virus del zika en una iniciativa millonaria apoyada por la Fundación Bill y Melinda Gates, Wellcome Trust, algunos gobiernos y la Organización Mundial de la Salud.

Un ejemplo más del potencial que encierran estos microscópicos seres. “Solo recientemente hemos aprendido sobre el mundo microbiano lo suficiente como para comenzar a manipularlo”, recuerda el periodista. Estamos ante la punta del iceberg bacteriano.

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Título: Yo contengo multitudes

Autor: Ed Yong

Editorial: Debate

Fecha: septiembre de 2017

Páginas: 415

Precio: 23,90 euros

La edad avanzada y la ciencia no están reñidas

Muchas investigaciones sobre la creatividad de los científicos señalan que sus descubrimientos más importantes se presentan a comienzos de la carrera profesional.  A partir de cierta edad, se considera que decrecen las posibilidades de presentar un gran avance, tal vez debido a que disminuye el ingenio y aumenta la carga de las tareas administrativas. Incluso hay premios como la Medalla Fields, considerada el Nobel de las matemáticas, que solo se otorgan a investigadores menores de 40 años.

Pero la realidad, sin embargo, es que poco se sabe sobre cuándo surge el impacto científico y cómo cambia a lo largo del tiempo.

Los logros de mayor impacto aparecen completamente al azar a lo largo de una carrera investigadora

Para indagar sobre este asunto, un equipo internacional liderado por la física Roberta Sinatra, de las universidades Northeastern en Boston (EE UU) y Central Europea en Budapest (Hungría), ha analizado las carreras de miles de científicos centrándose en la relevancia de sus publicaciones.

En principio, como se preveía, la evaluación confirmó que muchos investigadores presentan su trabajo más creativo y destacado en las dos primeras décadas de su carrera, pero también demostró que la productividad se dispara en esas etapas tempranas. Esto parece indicar que los científicos más importantes empiezan a tener éxito cuando son más jóvenes, no tanto porque la juventud se relacione con la creatividad, sino porque en esa etapa producen más.

Para explorar más a fondo las raíces del éxito creativo, excluyendo la edad y la productividad como factores, los investigadores colocaron en orden cronológico los trabajos que habían publicado los científicos, para valorar si los de mayor impacto estaban o no entre los primeros.

Los resultados, que publican esta semana en la revista Science, revelan que los papers de mayor impacto raramente se publicaban al comienzo de la carrera científica. En lugar de esto, se observó que los éxitos más grandes aparecían completamente al azar, algo que sucede independientemente de que los científicos trabajen solos, en grupo, en la disciplina que sea, en décadas distintas y por períodos de tiempo diferentes.

Modelo para predecir el impacto científicoAdemás esta regla del impacto aleatorio ha permitido a los autores crear un modelo para predecir la relevancia de una carrera a partir de elementos como la aleatoriedad, la productividad científica y un factor ‘oculto’ denominado Q, exclusivo de cada científico.“El modelo asigna un parámetro Q individual y único para cada investigador, que es estable a lo largo de su carrera y predice con precisión la evolución del impacto del científico, desde el índice h, que mide la calidad según las citas de los artículos científicos, hasta el número de citas acumuladas y reconocimientos como los premios”, explica Sinatra.

Según los autores, estos resultados contribuirán a alimentar el debate abierto sobre la manera en que hay que medir el potencial de un científico, además de mostrar que el éxito científico se puede alcanzar a cualquier edad.

Algunos artículos científicos publicados en todo el mundo. Los puntos rojizos de arriba indican donde se escribieron, y el mapa de abajo dónde y cuándo se citaron. El color amarillo corresponde a los comienzos del siglo XX y el rojo a la década actual. / Imagen de Mauro Martino con datos de Roberta Sinatra


Referencia bibliográfica:
Roberta Sinatra et al. “Quantifying the evolution of individual scientific impact”. Science, noviembre de 2016.


Fuente
: SINC

El Museo de la Energía programa para este verano cinco campamentos de ciencia y tecnología

Ical La Fábrica de la Luz del Museo de la Energía de Ponferrada prepara un verano cargado de actividades didácticas y culturales, con cinco campamentos relacionados con la ciencia y la tecnología dirigidos a participantes de entre cinco y 16 años, dependiendo de la actividad, y siempre con horario de 9 a 14 horas, por contar casi todos ellos con opción madrugadores.

La programación arrancará del 27 de junio al 1 de julio con el Campus Tecnológico, organizado en colaboración con Play Code Academy. Durante esta semana los participantes aprenderán a manejar toda una serie de herramientas tecnológicas como creación de videojuegos, animación y fabricación 3D, drones y diseño digital entre otras. Este campus está dirigido a público entre seis y 16 años, se organiza por edades y niveles y su precio es de 125 euros para los cinco días.

El mes de julio será el momento para dos campamentos más. Del 11 al 15 de julio tendrá lugar el de Juegos matemáticos, donde los asistentes de entre seis y 14 años emplearán las matemáticas y su imaginación para resolver los enigmas más entretenidos. El precio es de ocho euros por día y 35 para los cinco días. A continuación, del 25 al 29 de julio se celebrará Con A de ábaco y agua, dirigido a público de entre cinco y 12 años. En colaboración con Abacus León, durante esta semana los participantes verán cómo aumenta su agilidad matemática con el método UCMAS y mejorarán su destreza mediante juegos con agua. El precio es de 15€ por día y 55€ reservando todo el campamento.

Y ya para finalizar las vacaciones, La Fábrica de Luz acoge una nueva edición de los Campamentos de robótica de Lego Robotix, donde los asistentes desarrollarán habilidades como la resolución de problemas, trabajo en equipo, creatividad e innovación y donde al mismo tiempo tendrán que superar diversos retos tecnológicos. Estos campamentos se organizarán por edades, de manera que del 22 al 26 de agosto estarán dirigidos a público entre nueve y 13 años, y del 29 de agosto al 2 de septiembre se centrarán en niños de seis a ocho años. El precio del campamento es de 25 euros por día y de 75 para los cinco días. El aforo es limitado para todos los campamentos y para participar es necesario inscribirse previamente llamando al 987400800 ó enviando un correo electrónico a guias@ciuden.es.

 

La ciencia en la España de Don Quijote

María Milán/Sinc ¿Hay ciencia en Don Quijote de La Mancha? ¿Qué enfermedad se ocultaba tras los delirios del hidalgo? En los últimos cuatro siglos, estas preguntas se han repetido una y otra vez.Coincidiendo con el cuarto aniversario de la muerte de Cervantes añadimos una más: ¿qué avances científicos se produjeron en la época del escritor? Investigadores de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) lo han analizado desde el punto de vista de la neurociencia y de la historia de la ciencia.

Cinco décadas antes de que naciera Miguel de Cervantes (1547-1616), España inauguraba el siglo XVI como un imperio glorioso e invencible. Pero la época de bonanza terminaría en crisis y decadencia, en pleno tránsito del Renacimiento al Barroco y con la muerte de Felipe II y la proclamación de su hijo, Felipe III, en quien ni su propio padre confiaba que fuese un monarca adecuado.

En este contexto, Cervantes escribió y publicó las dos partes de Don Quijote de la Mancha. Según los expertos, parte de su éxito se debe al retrato que hace de la sociedad y el conocimiento de la época, con grandes dosis de humor y sátira.

”Se pasó de una época en la que los ideales eran más caballerescos y nobles al mundo de la picaresca y pérdida de valores. Pasamos de la época de los héroes medievales como Tirant lo Blanc (Tirante El Blanco) al Lazarillo de Tormes”, describe Antonio Martín Araguz, coautor del artículo Neurociencia española en tiempos de Don Quijote y jefe de servicio de Neurología del Hospital Central de la Defensa.

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Ilustración de Don Quijote . / J.J. Grandville

Un país cerrado a la investigación europea

En este período, el desarrollo científico en España distaba mucho del nivel europeo. “Los años en los que transcurrió la vida de Cervantes marcaron el comienzo de una revolución científica europea de la que la España de la contrarreforma estaría ausente”, afirma Francisco A. González Redondo, profesor del departamento de Álgebra de la facultad de Educación de la UCM.

Esa revolución tuvo como protagonista a Nicolás Copérnico y su visión heliocéntrica del cosmos, que seguirían otros como Tycho Brahe, Giordano Bruno o Johannes Kepler.

“La cordura de los ‘Sancho Panzas’ de la época les llevaba a asumir lo que veían día tras día: una Tierra en reposo y un Sol que se mueve a su alrededor. La locura quijotesca de los ‘Alonsos Quijanos’ sí podía haberles abierto la mente a las nuevas visiones cosmológicas que se proponían, pero España no estaba preparada para asumir las novedades europeas”, refiere González Redondo.

La crítica, de la mano de la observación

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Estatua de Copérnico en Varsovia. / Antoine Pound

Sin embargo, aunque tardasen en llegar las influencias europeas a nuestro país, no significa que aquí se diese la espalda por completo a la ciencia. “No nos damos cuenta de la importancia de la ciencia española de aquella época, que era bastante notable”, recuerda Javier Campos Bueno, profesor del departamento de Psicología Experimental de la facultad de Psicología de la UCM y otro de los autores del estudio en el que participa Martín Araguz.

En aquellos años, todavía no se utilizaba el método científico. “Era filosofía natural, no ciencia”, apunta Martín Araguz. A los médicos la observación les permitió darse cuenta de que había disparidad entre lo que les obligaban a aprender y lo que veían en las primeras disecciones. Y esa disparidad derivó en una actitud crítica frente a lo que habían estudiado.

“Su gran mérito fue cuestionar siglos y siglos de autoridad”, indica el neurólogo, quien añade que el principal enemigo de los científicos de la época era el miedo al poder opresivo de la Iglesia y la Inquisición.

Los padres de la neurociencia

Campos Bueno y Martín Araguz han analizado la neurociencia de aquella época “en la que se cuestiona el criterio de autoridad de Galeno, Hipócrates y la teoría de los humores”. Para ello, han utilizado la figura de tres pioneros de lo que hoy se podría considerar neurociencia.

El primero es Gómez Pereira (1500-1558), médico que trabajó para Felipe II, considerado el precursor de la idea de localización y función cerebral y de la teoría del arco reflejo. “Se adelantó a Descartes en el ‘pienso luego existo’”, señala el neurólogo.

Uno de sus planteamientos fue que los animales carecen de alma, entendiendo esta como inteligencia racional y sensitiva, y que se comportan como autómatas, al responder de forma predeterminada a los estímulos.

Por su parte, el boticario Miguel Sabuco (1525-1585), en su texto Nueva filosofía anticipó el concepto de neurotransmisión (que él denomina ‘chilo’). Además, planteó una reformadora visión psicopatológica de la enfermedad, relacionando la salud emocional con la física, algo que está completamente integrado en la medicina actual.

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En aquella época se anticipó el concepto de neurotransmisión. / Gerardo Ruiz

Aunque se desconocen los motivos, algunos historiadores apuntan a que, para evitar enfrentamientos con la Iglesia, el boticario puso a su hija como escritora de su obra, que carecía de estudios y que contaba con solo 19 años cuando se imprimió el libro.

Pioneros en el olvido

El tercer pionero es el médico Juan Huarte de San Juan (1529-1588), precursor de la neuropsicología y la psicología experimental, y el científico hispano más citado de la historia después de Ramón y Cajal.

“Huarte de San Juan defendía que cada uno de nosotros tiene unas habilidades especiales, que hay diferencias individuales. Ofrecía estrategias de un mundo feliz donde cada uno se sintiera feliz en su puesto”, explica Campos Bueno. Un concepto revolucionario recogido en su obra Examen de Ingenios que la Corona, la Iglesia y las altas élites condenaron y persiguieron, puesto que cuestionaba que no fuesen ellos los más capacitados para ocupar los altos estratos de la sociedad.

Tres visionarios de la neurociencia actual que han quedado en el olvido. “En realidad, otras figuras copiaron sus avances y nadie les mencionó”, indica Martín Araguz con resignación.

Cervantes fue uno de ellos. La propia condición física y mental del hidalgo concuerda con el hombre ‘colérico’ y ‘melancólico’ que describe Huarte de San Juan en su caracterología, aunque el escritor no lo llegue a citar.

Diagnóstico: ‘dulcineopatía’

Don Quijote, a quien “del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro”, es el loco más carismático de la literatura universal. A lo largo de la historia han sido miles las interpretaciones para diagnosticar su trastorno.

Martín Araguz y Campos Bueno lo tienen bastante claro: “Es un juego peligroso y atrevido poner adjetivos diagnósticos a personajes que no hemos conocido y que no son reales. Cervantes está jugando con unos arquetipos de rasgos psicológicos peculiares”, sostienen.

Pero de todas las aproximaciones neurocientíficas al trastorno mental del hidalgo, los investigadores se quedan con la del neurólogo David Ezpeleta y su diagnóstico de trastorno delirante paranoico o, como bromea el especialista, “dulcineopatía”.

“Loco soy, loco he de ser hasta tanto que tú vuelvas con la respuesta de una carta que contigo pienso enviar a mi señora Dulcinea; y si fuere tal cual a mi fe se le debe, acabarse ha mi sandez y mi penitencia; y si fuere al contrario, seré loco de veras, y siéndolo, no sentiré nada”. Don Quijote I, XVII.

Foto de portada: José María Pérez Núñez

La imagen de la ciencia mejora un 12% entre los españoles

Sinc La Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) ha presentado esta mañana la VII Encuesta de Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología, que se realiza de forma bienal desde el año 2002. Sus datos apuntan que el 59,5% de los encuestados afirma que la ciencia tiene más beneficios que perjuicios, lo que supone un 12,2% más que en 2012.

El estudio señala que el interés por la ciencia y la tecnología se mantiene estable en un 15% de los españoles (15% en 2014 frente a 15,6% en 2012). “Este dato demuestra que la ciencia interesa si se tiene en cuenta que en los últimos dos años otros temas como el empleo o la política han ocupado el centro de los debates de los ciudadanos”, ha afirmado el director general de FECYT, José Ignacio Fernández Vera durante su ponencia.

Por edades, los jóvenes de entre 15 y 24 años son los más interesados por la ciencia. Asimismo, el interés de los varones por estas materias es el doble que el de las mujeres. Otro de los datos destacados del estudio es que uno de cada cuatro españoles no está interesado en ciencia –fundamentalmente porque no la entiende– aunque este porcentaje desciende ligeramente respecto a 2012, del 25% al 24,3%. De ese porcentaje, el 35,9% atribuye ese desinterés a que no la comprende.

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Casi la mitad considera que tiene formación científica baja

En relación a la imagen social de la ciencia, los científicos vuelven a ser en esta encuesta la segunda profesión más valorada con un 4,40 sobre 5 (subiendo respecto al 4,24 de 2012), solo por detrás de los médicos (4,55). A continuación se sitúan profesores (4,28) e ingenieros (4,14).

Los ciudadanos perciben un déficit en formación científica. El 47% considera que su educación científica es baja o muy baja (41,5% en 2012), superando a los que la califican de normal (41,6%). Esta percepción mejora respecto a 2004 pero desciende en los dos últimos años.

En 2014, la encuesta ha vuelto a incluir una pregunta sobre conocimientos científicos concretos y la nota media de los entrevistados se ha situado en 7,2 sobre 10. Al compararlo con los resultados de las mismas nueve preguntas idénticas que se hicieron en 2006, hay una notable mejoría, del 5,84 de entonces al 7,04 de 2014.

Respecto a la información científica, se acentúa el déficit percibido: existe una diferencia entre el nivel de información (2,82 sobre 5) y el grado de interés (3,25 sobre 5) de un 0,43.

Más información en los medios

En cuanto a los medios, internet es la primera fuente de información científica para un 39,8% de los ciudadanos, pero es la televisión la fuente más consultada cuando se citan tres medios para estar informado de ciencia (72,1%). Internet se sitúa en segundo lugar con el 56,7%. Los jóvenes utilizan mayoritariamente este último medio para informarse de ciencia: un 84,4% de penetración en jóvenes de 15 a 24 años, y un 78,4% en los de 25 a 34 años.

Por otro lado, Wikipedia es la primera fuente de información científica en internet (32,7%), seguida muy de cerca por los medios digitales generalistas (31,5%) y las redes sociales (30,8%). Le siguen los vídeos de ciencia con el 29,7%, los blogs 25,4% y los medios de comunicación especializados en ciencia (22,8%).

Entre el 30,7% de los ciudadanos que usan las redes sociales como canal de información sobre ciencia, el 91,8% lo hace a través de Facebook, el 47,7% desde Twitter y el 21,5% por Instagram.

Los ciudadanos consideran que internet es el único medio que presta suficiente atención a la información científica (61,5%), mientras que la mayoría percibe que la televisión, la radio y los diarios y revistas no incluyen suficiente información sobre estos temas.

encuesta ciencia 2Políticas de apoyo a la ciencia y tecnología

Las prioridades de gasto público de los españoles se concentran en sanidad y educación (por encima del 80%) seguidas de pensiones (46,6%) y desempleo (42,9%). Como primer ámbito después de los sectores básicos se sitúa la ciencia y tecnología, con un 23,4% de ciudadanos que la eligen entre sus cuatro prioridades de gasto público. La ciencia obtiene mayor apoyo entre los jóvenes (27,5%) y personas con estudios universitarios (35%).

Tres de cada cuatro españoles considera que en un contexto de recorte de gasto público se debería invertir más en ciencia y tecnología

Tres de cada cuatro españoles considera además que en un contexto de recorte de gasto público los distintos gobiernos deberían invertir más en ciencia y tecnología. Este apoyo ciudadano ha crecido sustancialmente pasando del 53,7% en 2010 al 79,8% de 2014, en el caso de la inversión en I+D del gobierno central.

Asimismo, en 2014 por primera vez son mayoría los ciudadanos que consideran que deberían desempeñar un papel más importante en las decisiones sobre ciencia y tecnología que les afectan. Los datos del año pasado reflejan que un 53,1% está muy o bastante de acuerdo con tener un papel más importante en la ciencia, frente al 40,4% de 2012.

Dos de cada tres estarían dispuestos a donar a la ciencia

En 2014, dos de cada tres ciudadanos españoles (64,7%) estarían dispuestos a donar a la ciencia, frente a un 57,1% en 2012, aunque más de la mitad matiza que ahora no tiene posibilidades para hacerlo.

Están más dispuestos a incluir a la ciencia entre sus donaciones los hombres mayores de 34 años y las personas con educación secundaria de segundo ciclo y universitaria. Además, se observa que a mayor interés por la ciencia más disponibilidad a donar dinero de forma altruista para este fin.

Cifras de la encuesta

Para esta VII encuesta se han realizado 6.355 entrevistas personales distribuidas por comunidad autónoma y tamaño de hábitat, con un mínimo de 350 entrevistas por cada una de las 17 Comunidades. La población estudiada son personas residentes en España durante 5 años o más de 15 años de edad en adelante.

El trabajo de recogida de la información tuvo lugar del 14 de noviembre al 30 de diciembre de 2014. El error muestral por el conjunto de la muestra es de  ±1’25% para un nivel de confianza del 95’5% 2s y p=q.

Óscar que visibilizan enfermedades

No es nuevo que los premios de la Academia de Hollywood tengan cierta predilección por los actores que interpretan a personajes enfermos o discapacitados. Y este año, la 87ª edición de los Óscar ha vuelto a dejarlo claro.

Las dos categorías interpretativas principales han caído a manos de Julianne Moore, por su papel de una mujer con alzhéimer en la película Siempre Alice, y Eddie Redmayne, por interpretar al científico Stephen Hawking en el momento en que le diagnostican esclerosis lateral amiotrófica (ELA) en La teoría del todo.

Los propios protagonistas no se han olvidado de hablar de estas patologías en sus discursos de agradecimiento: “Soy muy consciente de que soy un hombre muy, muy afortunado. Este premio pertenece a toda la gente que lucha el ELA en todo el mundo”, ha explicado Redmayne.

Los propios protagonistas no se han olvidado de hablar de estas patologías en sus discursos de agradecimiento

Moore tampoco ha dudado en expresar su alegría: “Estoy tan contenta de haber podido hablar sobre el alzhéimer”. No era la primera vez que una actriz optaba a hacerse con el Óscar por interpretar a un paciente con alzhéimer. Judi Dench ya estuvo nominada por la película Iris (2001) y también Julie Christie por Lejos de ella (2006).

Sin embargo, ninguna de ellas pudo hacerse con el galardón. Tampoco lo consiguió Gary Cooper con su nominación por El orgullo de los Yankees(1942), en la que interpretaba al jugador de béisbol Lou Gehrig, quien falleció a los 38 años por padecer ELA (por ese motivo es conocida también como la enfermedad de Lou Gehrig).

“Películas como estas, en las que se da una visión bastante fidedigna de la enfermedad, ayudan muchísimo a fomentar la concienciación de los pacientes neurológicos”, ha comentado Carlos Tejero, vocal de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

Dos enfermedades sin cura

Según datos de la SEN, en España hay unos 600.000 pacientes con alzhéimer. En el caso de la ELA, y aunque en nuestro país se diagnostican cada año unos 900 casos, su alta mortalidad hace que el número de afectados sea relativamente bajo: actualmente habría unos 3.000 pacientes de ELA en España.

“El alzhéimer y la ELA son enfermedades neurológicas que causan una gran discapacidad y dependencia. Fomentar su conocimiento es el primer paso para avanzar en la investigación, el tratamiento y el diagnóstico y, en general, en la lucha contra estas enfermedades”, ha subrayado David Pérez, director de la Fundación del Cerebro.

(Fuente: Sinc)

Jorge Cuéllar ‘Masterchef’: “La cocina es pura ciencia”

Andrea Arnal A este concursante de Masterchef le conocen más por “Jorge, el de las chaperoninas”. Es aficionado a los fogones, pero además es doctor en Biología Molecular e investigador del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC. Hoy le entrevistamos.

¿Qué hace un biólogo molecular en la cocina?

La cocina siempre ha formado parte de mi vida porque mi madre era cocinera y desde muy pequeño siempre me ha inculcado su pasión. Se me da bastante bien, y estoy muy interesado en la cocina molecular para explicar todos los procesos que están implicados en ella.

¿Y en el laboratorio?

Yo me dedico a entender con microscopía electrónica cómo es la estructura de las macromoléculas. Con esa información, otros diseñan fármacos que se puedan unir a esas moléculas, que están relacionadas con enfermedades neurodegenerativas y cáncer.

¿La cocina es una ciencia?

No, la cocina es pura ciencia. No hay forma de entender la cocina si no es mediante reacciones químicas y biológicas. De hecho, los espectadores ya no solo ven un programa de cocina para saber cómo se prepara un plato, sino también cómo se crea una emulsión, una espuma o un aire de aceite de oliva. La gente está muy interesada en saber por qué se producen las reacciones químicas.

Hago hélices de plátano rellenas de lubina y queso fresco para explicar genética

¿Para cocinar es necesario saber ciencia?

Yo diría que sí, aunque también hay que entender que muchos de los grandes cocineros de España no tienen una formación científica. Pero sí es verdad que ahora todas las escuelas de cocina punteras están introduciendo entre sus asignaturas la biología, la bioquímica, la química y la física. Poco a poco, los grandes cocineros se están dando cuenta de que es muy importante conocer la química que hay detrás de la cocina.

¿Es la cocina una afición o algo más?

Aunque no sea cocinero profesional, estoy muy interesado por la cocina y Masterchef me ha abierto muchas puertas. También me gusta mucho la divulgación científica. Por otra parte, me interesa mucho el maridaje, soy sumiller, y el tipo de showcooking que he hecho hasta ahora ha consistido en buscar el acompañamiento perfecto de un plato con su vino correspondiente.

Entrevista Jorge Cuellar

¿El vino es una ciencia aparte?

Con el vino ocurre un poco como el fútbol: cualquiera se cree experto. En España hay 45 millones de entrenadores de fútbol y también 45 millones de sumillers, porque todo el mundo intenta dar su propia opinión sobre un vino. Mucha gente lo degusta y lo valora en función de sus gustos personales; sin embargo, hay un proceso muy metódico y bastante científico, con una serie de variables visuales, olfativas y gustativas, para llegar a saber si un vino tiene cierta calidad o no.

En España, con el vino ocurre como con el fútbol: cualquiera se cree experto

¿Mejora el vino con la ciencia?

Durante los últimos 25 años ha habido un progreso en la calidad de los vinos, sobre todo en lo que respecta a su esperanza de vida. Hasta hace unos años, exceptuando grandes vinos de España como el Vega Sicilia, la vida del vino podría estar en diez años. Pero las investigaciones sobre la crianza, la estancia en botellas, las levaduras y temperaturas, han aumentado la esperanza de vida a 15 y 20 años.

 

 

El centinela que vela por la Tierra

 

Enrique Sacristán / Sinc Tras el susto inicial, por una peligrosa aproximación a una chatarra espacial, el nuevo satélite europeo Sentinel-1A ya ha presentado sus primeras imágenes, que muestran desde la evolución de los glaciares en la Antártida hasta desbordamientos de ríos en África, emisiones de fuel en el Mar del Norte o las cosechas del valle del Ebro. Toda esta información, muy útil para vigilar el estado del planeta y predecir los desastres naturales, se consigue gracias a un potente radar, según explica el director del proyecto, el ingeniero aragonés Ramón Torres.

Su despegue el pasado 3 de abril desde Kourou, en la Guayana Francesa, fue perfecto, pero poco después de que el lanzador inyectara al nuevo satélite Sentinel-1A cerca de su órbita, saltaron las alarmas. Al introducir sus coordenadas en la base de datos de basura espacial, las pantallas anunciaron que el viejo satélite Acrimsat de la NASA iba a pasar a tan solo 20 metros de la nave.

“Fue un tema serio y la primera vez que pasa algo así en el espacio”, explica el ingeniero español Ramón Torres (Zaragoza, 1960), jefe del proyecto Sentinel-1, desde el centro ESTEC de la Agencia Espacial Europea (ESA) en Holanda.

“Las maniobras para evitar colisiones son algo habitual, pero nunca había sucedido un evento de este tipo de forma tan inmediata. Así que, aunque los propulsores todavía no estaban bien calibrados, tuvimos que estimar rápidamente el impulso a aplicar. Ni muy pequeño ni muy grande, ya que se corría el riesgo de producir una rotación indeseada o la pérdida de iluminación solar para el satélite”, recuerda.

Afortunadamente la pericia de los técnicos permitió efectuar una maniobra de adelantamiento por debajo de Acrimsat y alejar a Sentinel-1A del peligro. En los días siguientes fue recuperando órbita y ya se aproxima a su altitud definitiva, 693 kilómetros, donde operará a lo largo de los próximos siete años. La nave pasa cada 100 minutos por los dos polos y da 175 vueltas alrededor de toda la Tierra durante un ciclo de 12 días.

Este Sentinel (centinela, en inglés) es el primero de una serie de satélites del programa Copernicus de monitorización de la Tierra promovido por la Comisión Europea y la ESA. Sus datos servirán para gestionar el tráfico marítimo, identificar cultivos, detectar movimientos de tierras y vigilar masas de hielo.

El principal y único instrumento del satélite es un avanzado radar de apertura sintética, compuesto por una antena exterior de 12 metros –que transmite y recibe pulsos de frecuencia de microondas– y una electrónica asociada. Opera día y noche, y sus imágenes no se ven afectadas en ningún momento por la presencia de nubes o cualquier otro fenómeno meteorológico.

Para navegantes, agricultores, esquiadores y constructores

“Actualmente estamos en una fase de calibrado de los sistemas que durará tres meses, pero luego el radar ofrecerá sus datos de forma continua y sistemática para ponerlos a disposición de navegantes, agricultores, esquiadores, constructores, administraciones o cualquier otro colectivo que los necesite”, destaca Torres, quien explica los cuatro modos de funcionamiento que tiene Sentinel 1.

El modo habitual, cuando sobrevuela tierra firme y las áreas marinas próximas a la costa por donde discurren la mayoría de las rutas marítimas, es el denominado ‘interferometric wide swath’. Se registran franjas de terreno de 250 km de ancho con una resolución de 20×5 m.

De esta forma ya se ha detectado, mediante tonos rojizos y azulados, la distinta velocidad a la que avanzan algunos glaciares en la Antártida o en las islas noruegas de Svalbard, en el Ártico. “Las imágenes radar son en blanco y negro, pero se pueden colorear de acuerdo a los cuatro parámetros o dimensiones en que se reciben, lo que ofrece información valiosa”, aclara Torres.

El último desbordamiento del río Zambeze, en Namibia, también se ha captado con esta modalidad, y la calidad de los datos da una idea de las posibilidades del satélite a la hora de gestionar este tipo de desastres. Por ejemplo, en las recientes inundaciones en Reino Unido, las imágenes tardaron 30 horas en procesarse y estar disponibles, pero se espera que con los nuevos Sentinel lleguen casi en tiempo real y con una resolución vertical del orden de milímetros, lo que permitirá predecir con rapidez la evolución de las aguas.

El segundo modo se llama ‘wave mode’ (modo olas) y se activa cuando la nave sobrevuela el océano abierto. En este caso se toman muestras puntuales de 20×20 km, que permiten deducir el tamaño y la dirección del oleaje, y, en consecuencia, la velocidad de los vientos y las corrientes. Esta información se puede introducir en los modelos climáticos y de predicción del tiempo. En casos concretos también se puede cambiar de modalidad en el mar, para observar actividades concretas con más detalle, como los vertidos de las plataformas petrolíferas frente a las costas de Noruega.

Misión especial: terremotos

El modo ‘strip map’ es el que mayor resolución consigue (5×5 m) y registra bandas de superficie con una anchura de 80 km. Es el ideal para captar los movimientos de tierra asociados a catástrofes naturales, como los terremotos. Torres recuerda que Sentinel-1 es el componente de Copernicus con la tarea específica de asistir a emergencias como esta, para analizar sus consecuencias en edificios, carreteras, aeropuertos y otras infraestructuras.

En cualquier caso la gran calidad de las imágenes permite distinguir los detalles de grandes áreas urbanas, como Bruselas, o los cambios que se producen en los campos, como los registrados en el valle del Ebro. La primera fotografía de España facilitada por el satélite ha sido de este territorio en Aragón.

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Sentinel-1A solo es el primero de la legión de centinelas que se lanzarán en los próximos años dentro del programa Copernicus. El desarrollo de los dos primeros modelos de cada Sentinel se ha financiado con un presupuesto mixto de 6.000 millones de euros, al 50% por la Comisión Europea y la Agencia Espacial Europea (ESA). Los siguientes correrán a cargo de la Comisión